¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

5/9/2016

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 Relato presentado al concurso "Que haría con los molinos hoy en día" patrocinado por la revista Zenda

―¿Cómo se te ocurre hacerme esa pregunta, Inés? Es sencillo, lucharía contra ellos igual que lo hizo en su época. De eso no me cabe la menor duda ―contestó el hombre que conducía el coche.

 ―¿Tú crees que también pensaría que son gigantes, papá? ―siguió preguntando la niña que, sentada a su lado, leía una edición infantil del Quijote.

 ―Estoy seguro. Solo que ahora, encontraría molinos por todas partes y ya  no serían pequeñas torres circulares hechas con piedras y unidas con cal y arena, sino unas altísimas construcciones de hormigón con unos aerogeneradores en lo alto de tres aspas en lugar de cuatro ―le explicó el padre a la niña―. Estoy seguro, de que si Don Quijote los viera como nosotros en este momento, solos, altivos y moviendo sus hélices como si fueran brazos, azuzaría a  Rocinante,  que ahora se llamaría John Deere  y sería un tractor verde gigantesco como los que estás viendo, trabajando bajo los molinos.

 ―¿Se lanzaría sobre ellos? ―quiso saber la niña cada vez más emocionada

 ―Seguramente Inés, pero espero que le pasara igual que hace cuatrocientos años y  que de nuevo volviera a tropezar con su lanza antes de llegar a su destino, porque una buena embestida contra un fustes de esos, le iba a provocar algo más que un buen chichón.

 El padre y la hija, estallaron en risas al imaginarse a Don Quijote, subido en su hermoso tractor verde llamado John Deere y conduciendo contra las torres, hasta que el hombre, debió recordar algo poco agradable y poniéndose repentinamente serio, aparcó en el arcén y mirando a la niña mientras le acariciaba la cabeza, le dijo:

 «Inés, siempre habrá gente a tu alrededor que como Don Quijote, confunda molinos con gigantes y  modernidad y prosperidad con fantasmas. Personas a las que les aterroriza todo lo nuevo y lo desconocido y que sin saber a lo que se enfrentan, se lanzan como él, contra lo que no comprenden. Yo espero que tú, como un buen Sancho Panza, te conviertas en alguien, siempre dispuesto a ayudar a entender a los que estén a tu lado,  que no hay que temer a los cambios ni a lo que está por venir y que sepas reconocer la realidad y a controlar tu imaginación»

 La niña no entendió mucho lo que le decía su padre, ni tampoco sabía, por qué extraños derroteros había ido su mente para acabar diciéndole esas cosa, pero ella, ya tenía su criterio formado y puesto a elegir, prefería ser Sancho. 

 La chiquilla, cerró su libro y mientras su padre reanudaba el camino, siguió mirando por la ventana, imaginándose a Don Quijote montado en su tractor y a Sancho Panza, en un gran 4x4 conduciendo detrás de él para impedir que el famoso hidalgo se abalanzara sobre los molinos. Sonrió viéndose a sí misma en ese papel y aburrida del paisaje, volvió a abrir su libro para seguir leyendo las andanzas del manchego universal. ¡Todavía le quedaba mucho por leer y por aprender!

 

 

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