Los libros nunca se equivocan

6/1/2016

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El abogado no sabía cómo darle la noticia. La tenía sentada delante de él y veía cómo la joven se mordía las uñas mientras esperaba. Era muy duro lo que le tenía que decir. Él había cumplido con su trabajo concienzudamente, no tenía nada de lo que avergonzarse, pero no podía evitar sentir un extraño dolor en la boca del estómago. Por fin se decidió a desvelar a su clienta el resultado de sus pesquisas.

—He buscado en los archivos. En los registros de todos los pueblos y ciudades, en las embajadas y consulados  sin ningún resultado positivo.

—Pero no puede ser —gritó la chica con desesperación—. ¡No tiene sentido lo que me está diciendo! ¡Es imposible!

—Eso es lo que parecía, que este asunto sería una cosa sencilla, pero se ha complicado y lo hallado no es lo que esperábamos. Lo siento mucho, pero el resultado es el que es. Los libros no fallan, nunca se equivocan y tenemos que hacer que así siga siendo: Usted no existe.

            Y el abogado, sin más preámbulos, sacó una pistola del cajón de su mesa y dándosela a su clienta, salió de la habitación.

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