Me tocó a mi

6/10/2016

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 Relato elegido para formar parte del libro: Hay esperanza para vencer al cáncer. 

 

—¡No lo nombres! Si no lo dices será como si no fuera verdad. ¡No quiero oírlo! ¡No me puede estar pasando a mí!

       Esa fue mi reacción ante la noticia.

            Tenía 40 años y  una vida difícil. Recién divorciada, con dos niños pequeños, lejos de mi familia e iniciando una relación. No era sencilla, no.

            Empecé a llorar desconsoladamente hasta que una idea surgió en mi cerebro.

            El cáncer no me había venido por ningún pecado que yo hubiera cometido o por ser mejor persona  que otros. Simplemente me había tocado. Pero algo podía hacer contra él: cambiar mi aptitud. No iba a dejar que la enfermedad alterara mi vida: viviría con ella pero no a sus órdenes.

             Hoy hace diez años de aquello y estoy aquí. He pasado por el quirófano tres veces; he tenido decepciones, penas y tristezas, pero también alegrías y triunfos. Llevo cinco años sin visitar un hospital pero sé que en cualquier momento eso puede cambiar.

            El mayor mal de ésta enfermedad es la perdida de la esperanza pero si se logra mantener, la mitad de la partida está ganada.

            Tener cáncer no es una sentencia de muerte, ésa la tenemos todos.

            La esperanza y la ilusión, son nuestras mejores armas. Contra ellas, el cáncer tiene la batalla perdida.

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