La despedida

6/16/2016

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 Relato seleccionado en el  Concurso de relatos "Espero... " organizado por Palabras con Arte y publicado en el libro "Antología"

 

«Espero que a la presente te encuentres bien de salud. Yo, ya puedes imaginar, metido en la cama de este hospital desde que te marchaste. Nunca imaginé que tu perfidia llegara hasta el punto de que fueras capaz de abandonarme en esta situación: enfermo, anciano y pobre.

            He tenido que pedir papel y lápiz a la enfermera que me cuida porque ni aun eso me dejaste al irte. Pero algo se te olvidó llevarte: los recuerdos de mi vida contigo. Nunca olvidaré el momento en el que viniste al mundo, ni cuando te compré la primera bicicleta o tu primer día de colegio. No te preocupes, no voy a seguir echándote en cara todas las cosas que he hecho por ti, ni cuanto me he sacrificado por ayudarte. Y tampoco te apures que  no iré tras de ti. No le diré a nadie que me lleve a mi casa, a ese triste lugar donde ahora te escondes para evitar verme. Me limitaré a esperarte. Tarde o temprano tendrás que pasar por aquí y entonces...

           ―¿Qué haces, Elvira? ―preguntó a su compañera la auxiliar que estaba limpiando la habitación 345.

            ―Nada, Pepa. Estoy leyendo este papel.

            ―Y, ¿qué pone? ¿Es algo interesante?

            ―Es una carta que dejó el hombre que murió anoche para su hijo.

            ―¿Por qué la lees si no es tuya?

            ―Pues porque nadie más lo hará. Él no pasará por aquí. Dejó dicho que si su padre fallecía que no le avisarán, que directamente se llevaran el cuerpo y que lo donaba para los estudiantes de la universidad.

            ―¿Ni siquiera ha querido pasar a despedirse? ¡Vaya mal hijo!

            ―Pues no sé qué decirte Pepa. No te creas que el padre se quedaba corto. Mira lo que le dice:

            «Tarde o temprano tendrás que pasar por aquí y, entonces, al leer esta carta te enterarás de que tú tienes la misma enfermedad que yo. Te robé un cepillo y mandé a hacer  las pruebas de ADN.  Ahora, tengo la certeza de que pronto te morirás y  espero que lo hagas igual que yo: solo y abandonado. Adiós hijo. Espero verte pronto»

            La chica terminó de leer  y  miró a su compañera que la contemplaba asombrada con la boca abierta.  Hizo una bola con el papel y la tiró a la basura.

            ―Espero que nunca llegue a su destino ―dijo mientras santiguándose salía de la habitación.

 

 

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