Compañeros

1/31/2018

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   Me estaba chupando el dedo tranquilamente mientraflotaba, cuando de repente todo cambió a mi alrededor.

     Esa mañana, unos gritos aterradores me despertaron. La misma voz que estaba chillando, era la que suavemente me hacía reaccionar cuando dormía. Su dulce sonido provocaba que mis ojos se abrieran y todo yo comenzara a moverme. Oí algo acerca de sangre y la otra voz, la más ronca que siempre estaba cerca, dijo otra palabra: «médico».

    A partir de ahí, los sobresaltos no pararon. Sentí como la sangre circulaba más rápido dentro de mí y el oxígeno me llegaba con mayor fuerza. Noté que me desplazaba y lo hacía deprisa, más que de costumbre. Los sonidos que me alcanzaban llegaban atenuados, débiles… Nadie hablaba…

    Estaba incómodo con tanto vaivén, me golpeaba contra todo, pero el traqueteo no tardó en cesar. Entonces, hubo muchos más ruidos inquietantes y al poco tiempo me quedé en reposo. Pensé que todo volvía a la normalidad, que era la hora de dormir, pero algo muy raro sucedió; tanto, que consiguió aterrorizarme.

       Un elemento extraño ocupó mi cambio de visión. Hacía días que había descubierto cosas nuevas cerca de mí. Allí abajo, en la parte más estrecha de mi habitáculo, algo que no me pertenece está emergiendo. Al principio pensé que era otro igual a mí, pero ahora creo que no lo es. He intentado comunicarme con él, incluso logré alcanzarle: no reacciona. Sé que es diferente, aunque crece casi igual de rápido que yo. No tenía nada que ver con aquel otro que acababa de ver. Él era distinto a nosotros. Muy estrecho, se movía con rapidez y parecía querer atacarnos.

       Al verlo, rápidamente me encogí. Vi que mi compañero no lo hacía. El intruso se aprovechó de eso. Le dio un tajo y salió llevándose un trozo de él.

       Yo estaba muy asustado. Intenté hacerme pequeño para que el extranjero no me pillara si regresaba y en ese instante, volvió a aparecer otra vez. Quise ir más arriba sin conseguirlo. No había ningún sitio en el que esconderme. ¡Estaba aterrado!

      Para mi tranquilidad, enseguida me di cuenta de que no venía a por mí. Otra vez atacó al que se encontraba cerca de la entrada y arrancándole un buen pedazo volvió a desaparecer.         

       Me quede temblando. Muy nervioso, comencé a chuparme el dedo buscando algo que me reconfortara y así, poco a poco me fui serenando.

       Aún no había conseguido dormirme, cuando otra vez sentí que las cosas no iban bien. Un fuerte llanto proveniente de la voz dulce me volvió a alertar.

        —«¿Cáncer de cuello uterino?» —oí que decía la más ronca en un tono muy bajito

       De nuevo noté la sangre corriendo aceleradamente y sentí que el oxígeno me entraba a borbotones. Mi entorno no dejaba de experimentar sacudidas y yo me movía con él. Fuera había varias voces, algunas desconocidas para mí, pronunciando un montón de palabras.

       —«Aborto» «Radioterapia» —decían.

       —«No», «no» —contestó la suave.

       —«Quimio» —insistían.

    —«Después» —respondió ella y el traqueteo comenzó otra vez, solo que, en esa ocasión, sin tanto movimiento, mucho más tranquilo.

 

       Ha pasado el tiempo desde aquello. Dos veces he vuelto a ver a aquel extraño ser, pero ya no le tengo miedo. Siempre que entra se lleva un poco de mi compañero. Los dos hemos crecido mucho, ya casi no cabemos aquí, cada vez está más…

    —¡Ay! ¿Qué ocurre? Noto algo que tira de mí. ¡Esto se está moviendo mucho! ¡No quiero ir hacia abajo! ¡Me acerco al otro...!

     —Ya paró… ¿Qué ha sucedido?…  Me está entrando sueño… No sé lo que pasa… ¿Qué es eso que brilla tanto?  Me duermo…

 

     —Elvira, despierta. Ya puedes mirar a tu bebé. Tuvimos que detener el parto para evitar una posible infección. Te hemos practicado una cesárea para sacar al niño y aplicado la primera sesión de quimio en el útero. El tumor se había hecho muy grande en estos tres meses. Tardarás unos días en salir de aquí, pero no te preocupes: todo ha ido muy bien.

 

      La joven mira con agradecimiento al médico. Es rubia, igual que el recién nacido. Lleva el pelo muy corto. Quiere que su hijo, que en ese momento está en los brazos de su padre, se acostumbre desde el primer día a verla de ese modo.

       Les queda un largo trecho por recorrer, pero ya han superado el primer paso.

 

 

 

 

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