• Ana Larraz Galé

Los orates de la noche


Relato publicado en la revista Demencia en su némero dedicado a los Orates

Sé que no debería acostarme aún, pero es tarde. Mañana tengo que madrugar y necesito dormir. Lo malo es que no estoy lo suficientemente cansada para caer rendida en la cama, pero tengo que intentarlo. Quizás esta noche no aparezcan y pueda descansar en paz.

Me pongo mi pijama de florecitas azules, es el más esponjoso, parece que me abraza…

Sí, ya noto su calor…

No entra ni un resquicio de luz. Esta tarde bajé las persianas para que no pasara el frío. Dejaré mis zapatillas al lado de la mesilla, por si me toca levantarme.

¡Bien! Mi cama está calentita. La manta eléctrica que encendí hace un rato, ha cumplido con su labor, además, estas sabanas de franelas son muy confontables.

Pues ya está, voy a apagar la luz y que sea lo que Dios quiera.

No se ve nada, todo está oscuro.

Voy a darme la vuelta, a lo mejor hacia el otro lado el sueño llega antes.

No. Tampoco.

Quizás si cuento ovejitas… Una, dos, tres….

Esto no sirve. Claro, el sueño no viene porque estoy pensando en el relato que dejé a mitad de escribir. La verdad es que es una bonita idea, aunque un poco estrambótica… Quizás debería hacerlo de otra manera, darle la vuelta a la trama. El personaje principal no debería ser tan sencillo. Un aire un poco exótico podría darle un refinamiento mayor, hacerlo más cosmopolita. A lo mejor está bien así, creo que debe quedarse tal cual. Aunque debería encontrar la forma de situarlo en el acantilado; sin caerse; solo por ver cómo se siente. Sería mejor que la madre del chiquillo apareciera en la puerta principal mientras él corre en la otra dirección… pero de ser así, la hermana quedaría sola y asilada. No, es al contrario. Tengo que conseguir que se junten todos al atravesar el patio o tal vez en la salida del comedor, cuando el padre amenace con…

¡BASTA!

¡OTRA VEZ NO!

Han vuelto de nuevo. Son los orates de la noche que traen sus locas ideas a mi cabeza. Se pelean entre ellos para ver quién puede más. Siembran mi mente con sus pensamientos intentando dejarme su recuerdo, buscando cada uno ser el quien consiga hacer prevalecer su idea. Sé lo que quieren y también, que no se irán hasta que lo consigan.

Me doy otra vez la vuelta. Lucho un poco más, intentando que el sueño los mande al lugar de donde salieron, pero no lo consigo. Al final me tengo que rendir. No puedo contra ellos.

Menos mal que deje enchufada la calefacción y el ordenador con batería. Me pongo las zapatillas y voy hacia mi mesa de trabajo.

Tengo que escribir lo que ellos me ordenan o no me dejaran dormir.

Los orates de la noche han ganado de nuevo…


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